La neoyorkina Lana de Rey (1985) se hace notar en 2012 con el
LP Born to Die, siendo también su
primer single y la canción que trae hoy la Pac Gramola. Lana cultiva una imagen
retro (los finos lo llaman vintage), hierática, fría, su imagen pública encaja
con su música: lenta, parsimoniosa y nada optimista. The Boss nació para
correr, Sara Evans lo hizo para volar, los soldados americano que sirvieron en
Vietnam lo hicieron para matar, y esta belleza con aromas a Greta Garbo lo hizo
para morir. Casi como un metrónomo, cada dos años lanza nuevo trabajo, trabajos
melancólicos de universos pequeños y fríos. Sin embargo me gusta escucharla,
pese que lo narrado suele ser desagradable y desasosegante, su voz aterciopelada
y su eterna cara de desdén me atraen como una polilla a la luz de una bombilla,
en una cálida noche de verano.
La sombra de Tánatos es alargada en Lana y no sólo en su
primer LP exitoso. Tánatos, la Parca, el águila de Peter Gabriel en su “Solsbury Hill”, da igual como se haga
llamar, coexistió más amablemente con nosotros, los que nos hacemos llamar
“monos sabios”, pero ya no, ahora vivimos de espaldas a ella. La muerte es algo
serio, trascendente, para toda la vida… vaya para después, después de la vida,
para la noche más larga que decía Aute (un abrazo maestro allí donde te halles).
Afrontarla era algo consustancial a nuestra naturaleza, no en vano para morir
sólo hace falta estar vivo. No hace tanto nos hacíamos fotos con nuestros
difuntos engalanados y posando como recién casados. Eso fue ayer, la profesora
gallega de la Universidad de Heidelberg, Erica Cuoto-Ferreira lo cuenta maravillosamente en su libro de 2017 Cuerposlas otras vidas del cadáver editado por mi amigo Miguel Ángel Villalobos en
GaskMask, ahora integrada en Ediciones el Transbordador
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| "La muerte que queremos ver es exótica pero no espanta el fallecimiento cotidiano" Érica Cuoto-Ferreira |
Pero empezamos a ocultar la muerte, a no mostrar sus efectos,
a banalizarla, incluso prohibirla en horario infantil, para exhibir una impúdica
parodia de muertes violentas, gratuitas y vejantes en prime time. ¿Cuándo y por
qué cambiamos? No lo sé, pero si sé que una muerte cercana, posible e
inexorable no es compatible con la actitud mental necesaria para que el
Consumismo (que por definición es comprar aquello que no necesitamos) alcance
su máximo esplendor. Se necesita una visión chispeante e infantil de la vida, para
gastar con alegría un dinero que aún no hemos ganado.
El foco social deja de mostrar a adultos exitosos en la vida,
pero ya cercanos a la muerte, para mostrarnos adolescentes que se niegan a
convertirse en adultos: deportistas, cantantes, actores o simplemente celebrities (la quintaesencia de lo
banal). Nuestra sociedad consumista requiere de ídolos que se crean eternos e
inmortales, para ejemplificar al resto de la sociedad. Así nada es realmente
importante, si tenemos tiempo para cambiarlo y enmendarlo. Y mientras se
aposentan en peanas mediáticas jovencitos que a duras penas consiguen miccionar
sin mearse los pantalanes, arrinconamos, desprotegernos y olvidamos a nuestros ancianos.
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| La nada y sus oropeles, modelo de comportamiento consumista |
Ahora, que ya he vivido más de lo que me queda, no me es tan
extraña la idea de morir. Pero me asombra, que sorprenda, que lo admita. No es
que la desee, ni la acelere, pero no es el monstruo innombrable que aterra a
los críos al apagar la luz de su habitación. Ya he aceptado que he nacido para
morir, y sé que la Parca me conoce y sabe donde vivo. Aquí la espero y mientras
tanto: viviré. Consumir no es vivir, solo es:
”… Gastar dinero que no tenemos,
en cosas que no necesitamos,
para impresionar a gente
a la que no le importamos. …”
Pie de vídeo. Creado por Teresa P. Albero @teresapalbero sonido Fernando Guzmán @ferguzu
como bien dijo "probablemente" el célebre actor Will Smith. Hay debate sobre la autoría de tan brillante frase.




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